De un Cadaver Exquisito

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La ingenuidad de María, una mujer bonita, la llevo a tener un condón en sus manos. mirando a su genial gato color gris fijamente, creyó que este le podría dar respuestas. la calma y el respeto se perdieron una noche atrás, Cuando Ivan el Terrible la invito a Chichén Itzá con el pretexto de revivir viejos tiempos. mientras tocaba el piano María recordó  todo lo sucedido detrás de esos arbustos, ninguno de sus conocimientos, de sus aprendizajes, de su vida como arquitecta  la salvarían, ni la arquitectura romana, los contrafuertes o el estilo gótico la servirían para soportar lo que se avecinaba. tocaba una melodía muy famosa de un autor alemán muy reconocido. trataba de descifrar al viento a través del movimiento que el ventilador ocasionaba sobre las partituras. revivir esos recuerdos la hacían sentir como un pez sin agua en sus agallas, como un cielo sin “azul” en su definición. su creciente antojo de comida frita  y otros no convencionales antojos de los últimos días  la llenaban demasiado y le  causaban nauseas, o eso es lo que, con miedo, esperaba que fuera lo que las causaba. 

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